Nací en Hurlingham, provincia de Buenos Aires, Argentina. Y aunque di vueltas por varios lugares, actualmente vivo ahí mismo. Desde siempre me gustaron las fotografías, pero nunca me lo había tomado demasiado en serio. Recuerdo que de chico me gustaba tomar fotos de las nubes con una cámara compacta familiar de rollo. Y cuando traía las fotos del revelado, me quedaba defraudado ante los resultados. La bellaza que había visto con mis ojos no se veía plasmada en esas fotos.

Luego de mucho tiempo, a mis 35 años de edad, llevaba tiempo mirando y admirando fotografías, y decidí dar el gran paso de una vez. Así que en enero de 2014 me compré mi primera reflex digital, una Nikon D3000 usada, que a pesar de sus limitaciones me sirvió para aprender y dar mis primeros pasos. Y como en casi todas las cosas a las que me dediqué en la vida, comencé aprendiendo de forma autodidacta, practicando y cometiendo muchos errores. No pretendía todavía tomarlo como algo profesional, sino como un pasatiempo. Pero tenía un objetivo claro: encontrar la forma de mostrar en mis fotos mi manera de ver lo bello de este mundo. Y más allá de la parte técnica, la esencia de mis fotos siempre apuntó a eso. Y lo que en mi infancia fue una frustración, pude ir transformándolo en logros, aprendiendo a captar la belleza que ven mis ojos, en una foto.

Al ir avanzando en el camino del aprendizaje, tuve que cambiar de cámara a la fuerza (la pobre D3000 dijo basta), y pasando por una Nikon D7100 durante un año, decidí vender todo lo de Nikon, para comprar mi primer Fujifilm X-E2s, una cámara sin espejo que uso hasta la fecha, y con la que estoy trabajando más que satisfecho. La mayoría de los trabajos que comparto en esta página fueron hechos con esa cámara.

En el camino fui explorando la fotografía de paisaje, naturaleza, callejera (una de mis pasiones) y retratos. Y en esto último fue donde encontré una de las mejores formas de expresar lo que para mí es lo más bello del mundo: las personas. Porque no hay nada más expresivo que un gesto, una mirada, una actitud, que transmiten algo profundo de cada persona, que cuentan una historia detrás de ese rostro. Y en particular, mi visión de la belleza tiene su manifestación suprema en la mujer. Soy admirador de la belleza femenina en todos los aspectos. Porque creo que más allá de un bello rostro, o un hermoso cuerpo, hay una persona con una historia que contar, con cosas que expresar. Y es ahí donde encontré el punto justo, donde puedo mostrar lo que para mí es lo más hermoso, y puedo ser también un instrumento para que esa mujer se exprese y muestre su alma en cada retrato.

Es por eso que me gusta pensar que, más que fotógrafo de retratos, soy fotógrafo de almas.